Cómo manejar el sentimiento de culpa

Actualizado: feb 25

Te cuento cómo dejar de sentirte culpable por todo, es una de las emociones más tóxicas


Si prefieres escucharlo, aquí tienes el podcast:

La culpa es uno de esos terremotos internos que hace de freno del bienestar y el desarrollo personal. Afecta directamente a nuestra serenidad. Nos ata al pasado y no nos deja ser felices.


Empecemos por el principio, el origen del sentimiento de culpa.

La culpa es una emoción muy destructiva ya que implica que sientes que algo has hecho mal y te lleva a la vergüenza, tristeza, pesar, lástima de ti mismo o incluso intranquilidad o ansiedad.


Consiste en pensar que no has actuado correctamente en algún momento de tu vida o que no has cumplido las expectativas que se habían generado decepcionando a otras personas o decepcionándote a ti misma. El impacto puede ser igual de fuerte cuando se trata de decepciones a un cercano o a uno mismo.


¿El origen? Varía según las circunstancias; puede que te exijas mucho, haber tenido una educación rigurosa, eres hipersensible a lo que le sucede a tu entorno o también a veces tiene relación con la relación que se tiene con los demás.


No siempre que uno se siente culpable es realmente culpable de haber causado daño. Distingamos entre sentirse culpable, como experiencia emocional y ser culpable, como juicio moral o legal. ¿A dónde quiero llegar con esta diferencia? A que puedes sentirte culpable cuando, racionalmente hablando, no has hecho nada erróneo y además no hay nadie que te haga responsable.


Prestemos especial atención a la culpa, está vinculada con la actitud. Es una voz interior y hay que aprender a domarla, que nos ayude a superarnos y no a hundirnos.


¿Cómo superar esa culpa?


1. Reconociendo que la sentimos y cuál es la razón. Puede ser el perfeccionismo, nos obsesiona ser perfectos, no permitirnos el error, no aceptamos la equivocación y queremos tener todo bajo control.

Si te parece que el sentimiento de culpa es una emoción recurrente en tu persona, te propongo algo para ponerle atención y superarlo.


Ejercicio 1. Fíjate y toma nota de las principales culpas que te asaltan a lo largo del día, hazlo durante una semana. Eso te da una idea de la clase de asuntos, relaciones o eventos (llamo eventos a las cosas que pasan) que más te pesan. Y observa si eres un “juez con dureza” también.


Ejercicio 2. Haz una lista de fallos y culpas que has cometido y sentido a lo largo de tu vida y que sean significativas de alguna forma. Sin dramas, sin exagerar, por suerte una vez pasado el tiempo todos restamos dramatismo; tampoco te pases de indulgente.


Elige uno, el que te atormenta especialmente o de una mayor forma, míralo desde la silla de director, como si fuera una película, o desde un tren viendo esa escena pasar ante ti. Ya no hay forma de influir en ella, no se puede cambiar la escena. La culpa no ayuda, no repara nada, te impide la superación, aceptación y cierre.

Vuelve a ti, al presente y ahora va el trabajo, hazte esta pregunta: ¿qué me estoy perdiendo de mi presente por vivir enganchada en la culpa?



2. Si has hecho daño a otra persona, puedes solucionarlo en el sentido de liberación de culpa, el error o daño es el hecho y no se puede cambiar. Trata de arreglar el problema pidiendo disculpas, perdónate a ti misma y sigue adelante.



3. Expectativas de otros. Ahora el mejor para mí, para ti igual el envenenado: si la culpa viene porque no se está cumpliendo con alguna expectativa de otra persona, piénsalo de nuevo, repítelo en alto y te hago saber que no estás en este mundo para complacer a los demás.


Aprende a quererte a lo bestia. Si te asientas en la culpa no logras ver tus fortalezas y talentos. Además una instalación crónica en la culpa acaba en muchas ocasiones en el victimismo.


Un paso más: trabaja en tu autoestima.



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