¿Miedo al qué dirán?

Todos hemos sentido en alguna ocasión que esa opinión de ese miembro de la familia, de esos amigos, de esa compañera, nos cercena y paraliza y no hacemos lo que queremos hacer.

Si prefieres escucharlo, aquí tienes el podcast:

Eso es lo que no tiene que pasar: que paralice lo que amas hacer, esa decisión que te da mucho miedo y si tuvieras apoyo y no críticas se te haría más liviana, que ya no sepas distinguir entre lo que tienes que hacer de lo que te gusta hacer, en definitiva que te estés consumiendo o estresando y paralizando, aunque sea para decisiones cotidianas, así sea comprar ese vestido rojo o dejar ese marido que no te conviene.


El qué dirán es una sombra de doble filo y una realidad que se da con mucha frecuencia. Nos sentimos más o menos inquietas sobre la opinión que puedan hacerse de nosotras las personas que nos importan, que tiene un medio pase (solo medio porque yo trabajaría para quitarle hasta el medio), porque de las que no forman parte de nuestras vidas, lo que llamamos "la gente", a eso habría que ponerle fin de inmediato.



La mentira del miedo a hacer daño


Otra trampa que esconde el miedo al qué dirán: el miedo a hacer daño. Dices: "no quería hacer tal cosa por no hacerte daño" "no soy capaz de hacer eso por si no te gusta y te decepciono".

¿Qué esconden realmente esas frases? Esconden una mentira atrapada en un sentimiento de culpabilidad. Culpabilidad sobre ti misma, sobre lo que quieres hacer y crees que no te mereces y lo proyectas en que puedes herir al otro. El control de tu vida y de tus decisiones lo tienes tú, el papel protagonista de la película de tu vida lo actúas tú y nadie más, ¿le estás dando el poder a alguien o "alguienes"?


Atiende bien a esto: la capacidad de hacer sentir de una determinada manera a una persona, no depende de ti. Nuestras decisiones, actos y palabras no tienen poder, aunque el otro dilapide frases como: "con esto me dañas, con aquello haces que me sienta triste, me avergüenzo de lo que haces, no entiendo cómo puedes verlo así". Bueno, pues que no lo entiendan, no tienen que entenderlo, ni deben apoyarte, si esperas el apoyo, ahí estás alquilada por el precio de la aprobación.

Algo es claro, no todas las personas se van a sentir de igual modo ante un mismo estímulo; proporcionarán diferentes respuestas en función a sus características personales, experiencias vividas y la actitud que decidan tomar. Esa es su película.


Nos creemos que lo que sucede realmente es que tenemos miedo a hacer daño al exterior y nos amparamos en ese pensamiento. Al creérnoslo podemos engañarnos indiscriminadamente para no tomar la decisión o pasar a la acción. Y en nuestra fantasía somos los salvadores que prefieren el engaño antes que hacer daño.


Esa sombra de doble filo del miedo al qué dirán pone muros a nuestra autonomía, que frena nuestros pasos y que nos obliga a estar atentas para no quebrantar esas normas implícitas de lo que se supone, “está bien”.

¿Qué está bien? ¿Lo que está bien para los demás? ¡Anda ya!



Claves para afrontar el miedo al qué dirán


El miedo al que dirán nos sitúa en un estado de inquietud que nos pone en una eterna jodida alerta. Sacamos autoconclusiones sobre lo que "la gente" pueda estar pensando de mí. Ponemos el foco ahí fuera, no aquí dentro, ¿puede ser hasta que modifiquemos conductas para ajustarnos a lo que creemos que los demás esperan de nosotros? Solo se espera en nuestro trabajo y lo pactado, a cambio de un salario, chimpún.

Esto está estrechamente relacionado con la ansiedad.


La vida es una y no hay ensayo, no dejes que tu felicidad se vea obstaculizada por la barrera del qué dirán, que no te paralice.


Define tus criterios, tus posiciones, mantente firme en tus valores y defiéndete. Las personalidades bien desarrolladas y con una fuerte autoestima no se dejan vencer y no temen al “qué dirán”.

Las críticas son simplemente otro punto de vista y está bien si son diferentes a la tuya, quédate con lo que te sirva, lo demás, es otro punto de ver las cosas desde esas experiencias vividas por la otra persona, sus creencias, en definitiva cómo le ha ido el cuento, el otro es otro.


Define tus valores y haz lo que te haga sentir bien sabiendo de qué estás hecha, lo que te haga ser feliz en las pequeñas y en las grandes decisiones.


Si vas perdiendo la voz poco a poco, llegará un momento que no te oigas ni tú misma.


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